
Aumenta la tensión entre Israel e Irán tras un incidente con un buque israelí
Teherán ha rechazado vehementemente las acusaciones israelíes de estar detrás de las misteriosas explosiones que sufrió un carguero en aguas del golfo de Omán, la semana pasada. "Fue un acto de Irán, está claro", había dicho a primera hora de este lunes el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pocas horas después de que, en aparente respuesta al incidente marítimo, Damasco registrase un ataque con misiles israelíes sobre posiciones de fuerzas pro iraníes en Siria.
El pasado viernes, el barco de transporte de automóviles MV Helios Ray, procedente de Singapur, con bandera de Bahamas y operado por una empresa isarelí, sufrió una doble explosión en su casco mientras navegaba a 44 millas náuticas de Muscat, la capital omaní, y a unos 320 km del agitado estrecho de Ormuz. Según varios medios, la tripulación salió ilesa. El barco no sufrió daños significativos, aunque tuvo que atracar en Dubái para ser reparado.
El propietario del carguero especuló con que las explosiones pudieron ser causadas por misiles o minas, pues los desperfectos afectaron a la línea de flotación en babor y estribor. Dryad Global, una consultoría de riesgo marítimo, opinó que había una "posibilidad realista" de que las explosiones "fuesen el resultado de actividad asimétrica del ejército iraní". Durante 2019, EEUU acusó varias veces a Irán de estar detrás de una serie de explosiones misteriosas en barcos próximos a Ormuz.
"El régimen sionista [Israel] es la causa principal de todas las inseguridades e inestabilidades de la región", ha reprochado el portavoz de Exteriores de Irán, Said Jatibzade, negando toda implicación en las explosiones. "El Golfo Pérsico y el Mar de Omán son esferas de seguridad indispensables, donde Teherán no permitirá el terror", remachó el vocero, quien además culpó a Netanyahu de tener una "obsesión histérica" con Irán.
Por Ormuz circula alrededor de un tercio del petróleo que se consume en el mundo, a lo que hay que sumar la importancia de los puertos que orillan con el Golfo Pérsico y el de Omán. Los últimos incidentes en esta arteria marítima, como explosiones y la retención iraní de varios buques alegando la comisión de delitos -los afectados les acusan de tener razones políticas-, han encarecido el coste de los seguros de navegación, lo que repercute en los precios de los productos que transitan a través del estrecho de Ormuz. No en vano, dados los picos de tensión regional, diversas misiones militares han patrullado estas aguas durante los últimos meses.
Este período de tensión comenzó en 2018 con la retirada de EEUU del acuerdo nuclear que firmó con Irán tres años antes, que permitía a Teherán enriquecer uranio a niveles pacíficos a cambio del levantamiento de sanciones. La decisión de Donald Trump de reimponer castigos financieros a Irán motivó que los iraníes respondieran con acciones desestabilizadoras de los precios y renunciando a sus compromisos nucleares. A ello se sumarían intercambios de golpes por toda la región, principalmente en Irak y Siria -con la participación de milicias armadas por Irán-, que estuvieron a punto de desembocar en una guerra abierta en enero de 2020.
En paralelo, Israel ha mantenido su propio pulso con Irán, centrado en evitar que obtenga capacidades nucleares de tipo militar y que se asiente cerca de sus territorios, algo que considera una amenaza. Parte de su estrategia pasa por añadir a su esfera de influencia a los rivales regionales de los iraníes. Irán culpó a los israelíes del asesinato del científico nuclear Mohsen Fajrizade. Se cree que ese país estuvo también detrás de un incendio en las instalaciones nucleares iraníes de Natanz, el pasado verano. Por su parte, Israel ha acusado a piratas informáticos iraníes de intentar sabotear unas instalaciones de saneamiento de aguas, y bombardea rutinariamente posiciones del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y sus milicias afines en Siria.














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